Hace unos 15.000 años, el hombre prehistórico quiso proteger sus pies del frío y del hielo y pensó en cubrirlos con un trozo de piel de animal y amarrarlos con un cordel. Sin saberlo, estaba inventando los primeros zapatos. Desde entonces, el calzado se ha convertido en un elemento más de nuestra vida cotidiana, en un reflejo de la cultura. Sufriendo en algunas ocasiones modificaciones muy extrañas, pues ha habido momentos en la historia del calzado en las que se usaban por ejemplo botas terminadas en punta sumamente encorvada y levantada en alto.

En la Antigüedad fueron muchas las civilizaciones que también usaron calzado para proteger sus pies de las adversidades climáticas y del suelo que pisaban. Los egipcios utilizaban una especie de alpargatas confeccionadas con palma o corteza de papiro. Los griegos llevaban altos coturnos que llegaban a la pantorrilla y que eran simples suelas atadas con cintas y correas que posteriormente serían adaptados por los romanos. Pero además, los romanos contaban con una gran variedad de calzado además de los coturnos. Aunque al principio no llevaban ningún tipo de zapato, poco a poco fue poniéndose de moda y en muchos casos reflejaban el estatus social del que los llevaba. Los soldados llevaban, por ejemplo, una plantilla de piel y cuero en bruto para la celebraciones en el Circo y los legionarios llevaban calzado de cuero reforzado con pedazos de fierro para que duraran más y protegieran mejor el pie.

Hasta finales del siglo IV se utilizaron las sandalias, que serían sustituidas por calzados confeccionados con pieles de animales y que usaron los bárbaros. Ya en el siglo VII, los carolingios empezaron a usar polainas que dejaban solamente los dedos al descubierto. A lo largo de toda la Edad Media se iría imponiendo la moda de los zapatos terminados en punta, quizás por la influencia oriental a través de las cruzadas. Tal fue la tendencia de este accesorio que incluso llegaron a llevarse con la punta retorcida, que reflejaba la elevada clase social de la persona que los llevaba. Los primeros zapatos usados en la Europa Moderna, se vieron por primera vez en la Corte Francesa, entre los siglos XIII y XV. Eran muy sencillos, pero nada cómodos. Las plantillas que protegían los pies se fabricaban con corcho, cuero y piel y para sujetar la plantilla al pie se utilizaban clavos y metales.

El Renacimiento traería consigo una nueva tendencia que consistía en calzar zapatos excesivamente anchos. Y durante el Barroco el zapato se convierte en un reflejo de los gustos estéticos de la época: líneas, curvas, bordados, sedas, terciopelo, bridas, bucles. Llenándose de todo tipo de accesorios decorativos que en muchos casos rozaban la exageración y la ostentación. Es en esta época cuando también surgen los tacones y lo más curioso es que no fueron las mujeres las primeras en utilizarlos. Es Luis XIV, el Rey Sol, el primero que los llevó para poder agarrarse mejor a los estribos a la hora de montar a caballo. Lejos de la mentalidad actual, en aquella época no solamente representaban poder y privilegio, sino también masculinidad. Esta cuestión práctica iría cayendo en desuso y el tacón terminaría incorporándose al calzado femenino como algo puramente estético.

Con la llegada de la Revolución Industrial, el mundo del calzado da un giro radical y aparece por primera vez la numeración, ya que empezaron a fabricarse en serie. Durante la época de Napoleón se extiende el uso del punto París, equivalente a 2/3 centímetros. Sin embargo, al resultar esta medida demasiado grande, se empezaron a introducir medidas medias. Es precisamente en estos años cuando se crea el primer foco industrial de calzado made in Spain. Concretamente en la zona de Medio Vinalopó en la Comunidad Valenciana. A finales de siglo ya existía una industria consolidada y mecanizada con fábricas que llegaban a superar los 1.000 trabajadores.

Además, en el siglo XX el suero es sustituido por la goma en la suela y se empiezan a probar materiales sintéticos para su fabricación. Aunque no es hasta 1971 cuando aparecen las primeras zapatillas de goma de marca comercial.

Así pues, como podemos ver, el calzado ha ido cambiando con la evolución de la cultura, adquiriendo funciones sociales y estéticas distintas hasta convertirse en un auténtico “sueño de consumo”. ¿Qué mujer no sueña con tener un gran armario lleno de zapatos? Imelda Marcos, la que fue Primera Dama de Filipinas, lo consiguió, llegando a poseer la colección más grande del mundo, con nada menos que 3.000 pares de zapatos.

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